VIKTOR-IA

Documental de la Voz de América sobre la guerra en Ucrania

La vida y la muerte convergen en cada giro de la existencia para millones de ucranianos.

VIKTOR-IA reúne los testimonios de quienes sobreviven bajo la amenaza constante de la guerra y la ocupación rusa. Mientras deciden seguir adelante con sus vidas cotidianas, enfrentan el dilema de soñar un futuro en paz o abstenerse de planificar a largo plazo.

Un documental de Voz de América

Por Celia Mendoza y Jorge Agobian

Olha Khamarna

  Ucraniana de 103 años

A sus 103 años, la ucraniana Olha Khmarna tiene dificultad para escuchar, así que su hija hizo posible nuestra comunicación durante la visita a su humilde casa en Izium.

Olha escucha a su hija durante la entrevista con la Voz de América en la sala de su casa en Izium.

Olha escucha a su hija durante la entrevista con la Voz de América en la sala de su casa en Izium.

A Olha la encontramos escuchando las noticias con un radio de pilas colocado muy cerca de ella. La voz del locutor quebraba por intervalos el silencio del hogar, que se convirtió en su único escudo y refugio durante los 160 días de la ocupación rusa en esa ciudad.
 
“Ya hemos experimentado la presencia rusa. Dios nos ampare de volver a experimentar esto“, dice esta bisabuela al describir, lúcida y pausadamente, momentos de la invasión que ha sufrido en carne propia. Durante más de un siglo de vida, Olha Khmarna ha sido testigo de eventos históricos que han marcado a la humanidad: la Segunda Guerra Mundial, el desastre nuclear de Chernóbil y la disolución de la Unión Soviética, lo que facilitó que Ucrania se convirtiera en una nación soberana.

 
Olha, quien habla ruso, no entiende cómo el pueblo vecino, su población civil, no se expresa frente a lo que está sucediendo.

“¿Cuándo entrarán en razón?“, se pregunta. ”No lo sé. Mucha de su gente está muriendo”.

   
Luego se detiene y reflexiona: “Si tan solo la guerra terminara”.

Olha descansa en su cama, de la cual no se puede parar sin la ayuda de hija.

Olha descansa en su cama, de la cual no se puede parar sin la ayuda de hija.

Viktoria Huzova

Fue en medio de la pandemia que la ucraniana Viktoria Huzova contrajo matrimonio. Ahora, a sus 28 años, la posibilidad de convertirse en madre está marcada por la invasión a gran escala de Rusia a Ucrania.

“El primer año no hubo pensamientos al respecto. Al contrario, debido al estrés, comencé a tener algunos problemas relacionados con el sistema reproductivo”, contó.  Viktoria lo describe como el “síndrome de vida retrasada”, que se manifiesta al desear posponer decisiones o eventos importantes de la vida, hasta que mejoren las circunstancias.

Viktoria y su esposo contemplan el horizonte desde su apartamento a las afueras de Kiev.

Viktoria y su esposo contemplan el horizonte desde su apartamento a las afueras de Kiev.

No obstante las dificultades que la invasión rusa impone al pueblo ucraniano, algo cambió en la percepción de vida de ella y de su esposo.  

“Entendimos que la guerra podía durar un año, dos años, podía durar diez años. No podemos influir en esto de ninguna manera y no podemos saber cuándo terminará” .

 Así que el deseo de este matrimonio de convertirse en padres, fue más potente que las preocupaciones que les produce la guerra.

Viktoria habla con gratitud y esperanza: “La guerra puede continuar durante muchos años más, pero nuestra vida no termina ahí. Seguimos viviendo”.

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Yana & Arina

Yana, la madre de la pequeña Arina, intenta que su hija de 7 años no deje de sonreír. Lo hace incluso cuando los ruidos de la guerra los atemorizan a todos.  Su propósito es difícil de conseguir, especialmente mientras los misiles detonan constantemente a lo lejos y los drones sobrevuelan cada cierto tiempo.

Aunque una estruendosa sirena les advierte sobre el peligro inminente, el riesgo de la detonación incrementa la tensión en la que han vivido ya por más de dos años.  

Arina te explicará la situación con una inocencia que ha sido trastocada por la guerra: “Algunas veces los misiles sobrevuelan nuestra casa, pero son los nuestros. Ese avión estaba dando vueltas; el nuestro, el ucraniano, estaba chequeando la situación por nosotros”, dice. Y remata con una frase que te puede dejar con muchas preguntas: “Dejamos de tener miedo“.
 
Bajo esas condiciones, Yana tiene algo claro: “No nos vamos a ir de aquí, no vamos a huir más”. Ella, su esposo y su hija primero huyeron cuando las tropas rusas invadieron su ciudad, Izium. Allí, su antigua casa fue ocupada y destruida por las fuerzas rusas.
Estando en Dnipro, la guerra los alcanzó nuevamente y tuvieron que volver a huir.
 
Meses después, los tenebrosos recuerdos del momento de la escapada se convirtieron para esta familia en un sorpresivo motor de vida y esperanza. Una experiencia que Yana relata de manera íntima y conmovedora en este documental.

Radomir Tyutyunnyk

  Ucraniano fabricante de drones

Para Radomyr Tyutyunnyk, de 16 años, los planes terminan con cada día, pero dice que esa incertidumbre no lo paraliza. Aún así, prefiere no pensar en relaciones amorosas que lo “distraigan”.
Nada más mencionarle esta posibilidad con miras a un futuro, le provoca una reacción tajante: “De la nada un cohete puede
matarme mañana”.

Este adolescente, hijo de un militar ucraniano de carrera, vive en una especie de confinamiento voluntario. Animado y apoyado por su padre, comenzó a construir drones para el ejército de Ucrania poco después del inicio de la invasión a gran escala de Rusia.

Esa labor, de la que dice sentirse honrado, la combina con sus estudios virtuales desde un silencioso apartamento de 45 metros cuadrados.

 “No mostramos que estamos haciendo drones aquí; si los sacamos, lo hacemos en cajas”, dijo Radomyr en una inusual entrevista, en la que nuestro equipo debió ser tan discreto, como las medidas de seguridad del entrevistado y su padre.  

“En mi opinión, mi nombre está en cualquier lugar de la lista del Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB)”, le dijo a la Voz de América.

Educación subterránea

La guerra ha hecho que la educación presencial en Járkov sea un riesgo debido a su proximidad con la frontera rusa. Como resultado, el sistema educativo de la región decidió trasladar sus aulas a sitios bajo tierra, como estaciones de metro. La Voz de América documenta el proceso de construcción y de apertura de la primera escuela subterránea del país.

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Este documental original de la Voz de América expone el impacto que tiene la invasión rusa sobre el pueblo ucraniano y las decisiones de vida que debe tomar, obligado por las circunstancias.

Los conmovedores testimonios de los personajes de VIKTOR-IA, reflejan cómo las víctimas civiles de los conflictos desarrollan una fortaleza que les permite luchar, en sus propios términos, contra las amenazas y la violencia a través de la resiliencia y la esperanza. Originalmente en ruso y ucraniano, esta pieza periodística de 30 minutos ha sido desarrollada para audiencias globales , con subtítulos en inglés y en español.

Créditos

Producción y dirección: Celia Mendoza y Jorge Agobian

 Producción de campo: Anna Chernikova, Kateryna Hatsenko y Nikol Goldman

Post producción de documental: Filma Studios

Asistencia de cámara: Yan Boechat, Andrii Noha y
Khrystyna Lizohub

Traducciones: Anna Chernikova e Iryna Shynkarenko

Editores de libreto: Rosa Tania Valdés, Verónica Villafañe y
Lina Correa

Diseño gráfico: Sergio Valencia y Darién Castillo

Diseño de sitio web: William Montealegre

Directoras ejecutivas: Sandra Thomas-Esquivel y Lina Correa

Director de operaciones: Natalia Ardanza-Trevijano

Seguridad y logística: Eric Phillips

Dirección digital y redes sociales: Gesell Tobías, Lizandra Díaz y
Mitzi Macías

Equipo de asistencia: Vitalii Skibin, Dmytro Romanets y
Dave Williams

Agradecimientos especiales:

Servicio ucraniano de Voz de América
Luis Ramírez
Clínica Hryshchenko de Medicina Reproductiva
Hospital de Maternidad de Kyiv No. 3